Cuentan mariscadores gallegos que la marea roja, una plaga infecciosa, puede acabar con buena parte de la pesca del mejillón y otros bivalvos, como las vieiras, en las rías gallegas. El negocio del marisco mueve al año 66,5 millones de euros y una producción de 7.500 toneladas vendidas en las lonjas de la región. A estas cifras se suman las 17.860 personas que viven de la pesca y el marisqueo. Por tanto, el impacto de esta plaga supone un peligro para la economía local.
Pero, en la biotecnológica GalChimia han encontrado una doble solución al problema. “Nuestra innovación se basa en nanomateriales que se incorporan en las bateas, donde se crían los mejillones. Con ellos se previene, por una parte, la llegada de la marea roja con varios días de antelación. Así, se pueden retirar los productos antes de que llegue la contaminación y mantenerlos en las plantas mariscadoras. Por otro, ayudan a atacar las toxinas en caso de que el marisco haya sido contaminado”, explica Carme Pampín, consejera delegada de la firma, nacida en 2001 como una spin off de la Universidad de Santiago de Compostela. Factura 1,8 millones de euros anuales.
GalChimia es una de las 219 compañías que innovan en el sector biotecnológico gallego bajo el paraguas del clúster Bioga. Supone uno de los focos emergentes, de mayor interés para impulsar la economía regional. Su crecimiento ha sido notable en los últimos años y, en la actualidad, genera unos ingresos anuales de 250 millones de euros.
Este sector refleja, además, una tendencia en Galicia: el creciente apoyo que están aportando negocios punteros, como la biotecnología, a otros tradicionales de la economía regional, como la pesca. Así, los segundos ganan en competititividad.
“Nuestro sector aporta valor al crecimiento gallego y, en concreto, a actividades claves como la pesca y la agricultura, a las que también se están dedicando recursos de control de plagas, o hacerlos más sostenibles”, resalta Loli Pereiro, responsable de Gestión de Bioga. “El fin es modernizarlos con nuevas herramientas”, resume. “La medicina personalizada destinada a patologías cardiovascuares y neurológicas es otro de los terrenos donde se trabaja”, añade.
Precisamente en el ámbito médico, destaca la labor de firmas como Qubiotech. La compañía surgió como una spin off de la Fundación Ramón Domínguez, entidad gallega dedicada a la investigación médica. Uno de los desarrollos más destacados de Qubiotech es un softwar instalado en la nube, que en cuestión de cinco minutos aporta al médico datos precisos e imágenes a partir de la información recibida de una resonancia magnética o de otros recursos, como el PET . “De momento, esta herramienta está especializada en patologías neurológicas, como la de-
mencia o el Párkinson”, explica Daniel Fernández, director gerente d la compañía. “Aporta resultados sobre la diferencia entre un cerebro sa-
no y otro enfermo. La plataforma es rápida, de fácil acceso para el especialista y, sobre todo, da información más completa que los diagnósticos por imagen tradicionales”, subraya.
Esfuerzos como los de esta compañía gallega contribuyen a impulsar la I+D en la región, cuyo gasto se alzó al 0,87% del PIB gallego en 2014, mientras la media nacional se situó en el 1,23%, según datos del INE. El Ejecutivo gallego tiene en marcha un Plan Estratégico, por el que se asume que hasta 2020 se llegue al 1,7%.
Dentro de los ámbitos de nuevo cuño en estas tierras, el aeronáutico destaca con el mismo empuje que el biotecnológico. Si la biotecnología aporta su ayuda en el mar, la aeronáutica contribuye desde el aire a un mayor control de posibles incidentes en la actividad pesquera de las rías. Para una mejor precisión y más accesibilidad, se sirve de unos dispositivos en boga últimamente: los drones.
Con el fin de impulsar desarrollos con estos sistemas se ha puesto en marcha este año el polo tecnológico e industrial gallego de drones en el aeródromo de Rozas (Lugo), una iniciativa en la que participan al 50% la firma tecnológica Indra y el fabricante de helicópteros Inaer. La inversión asciende a 150 millones de euros y en la planta se fabrican aviones y helicópteros no tripulados.
La iniciativa quiere posicionar a las firmas gallegas del sector en un mercado que moverá 120.000 millones de euros en 2020 a nivel mundial. El proyecto cuenta con el apoyo del Consorcio Aeronáutico Gallego, presidido por Enrique Mallón, integrado por 40 compañías, instituciones y centros tecnológicos. “Controlar la pesca y detectar incendios, una de las grandes amenazas de Galicia cada verano, son algunas de las contribuciones de los drones”, explica.
Expansión – 12/12/2016



